Cuenta la tradición que ya en las antiguas culturas Griega y Romana
ahumar alimentos era ya una práctica habitual, pero es sin duda en la actualidad cuando los alimentos ahumados
han ocupado un importante espacio en el mercado y en nuestra mesa.
Hoy en día, carnes, embutidos, pescados, quesos, cortezas... encuentran en el humo su
mejor aliado.
Al someter a los alimentos a la acción del humo:
- Facilitamos su conservación por deshidratación, eliminando los gérmenes responsables
de la putrefacción por medio de una reacción química.
- Dotamos a los alimentos de un sabor y color característico y especial al comunicarle
ciertas sustancias que se desprenden de la madera.
El proceso de ahumado considera tres factores:
- Temperatura del humo
- Humedad del humo
- Origen del humo
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